miércoles, 28 de abril de 2010

La gran noche


Hace justo dos años y medio estaba en un Zara probándome un vestido azul para una fiesta que tenía al final del día. Me hacía mucha ilusión esa fiesta; amigas, chicos, buena música, pica-pica, alcohol, piscina...¡iba a ser la mejor fiesta del año! pero me equivocaba....


Salí de casa una hora más tarde lo que tendría que haber salido para llegar puntual a la fiesta, llevaba el pelo recogido en un moño muy bonito que al minuto de estar corriendo por la calle ya se me deshizo, calzaba unos zapatos que horas más tarde iba a odiar con toda mi alma, el mismo vestido burdeos que íbamos a llevar tres mujeres más y sobretodo iba pintada con un rímel que aquella misma noche se me iba a correr y no porque me hubiese tirado a la piscina.


Llegué a la fiesta hecha un cromo, pero llegué. Saludé a mis amigas y eché un vistazo a cuatro chicos que me llamaron la atención y que ilusa de mí pensaba que yo también les acabaría gustando.

Al cabo de una hora y media me senté en la barra, pedí una caipirinha, después un San Francisco, un granizado de frambuesas con Vodka y algunas bebidas más de las que ni siquiera me acuerdo. Miraba a la gente y veía como todos tenían su pareja, como todas estaban en los ojos de algún chico excepto yo y como se besaban ya los más atrevidos.


Decidí salir de aquel club Hawaiano y cogí el autobús que me llevaría hasta mi casa, por suerte mis padres se habían marchado de escapada romántica y mi hermano se había quedado a dormir en casa de unos vecinos. Cuando llegué a casa tiré el bolso al sofá y me dejé caer encima de la cama, no sé si actuó mi pequeño estado de embriaguez o el dolor/placer que sentí en sacarme aquellos zapatos que me estaban matando pero fue notar el colchón rozando mi cuerpo y ponerme a llorar durante más de cuarenta minutos. Estaba sola.


Me levanté de la cama dispuesta a lavarme la cara para quitarme el rímel corrido y ponerme a dormir, pero al pasar por la nevera recordé que había un delicioso helado de chocolate con almendras en el congelador, le quité el plástico y mordisco a mordisco me lo terminé.


Me preguntaba cuando iba a encontrar a esa persona que me hiciera feliz, que me dijera cosas al oído, que me hiciera saltar de felicidad, con la cual pudiera bailar toda la noche sin que me dolieran los pies por culpa de los zapatos y con la cual soñar despierta al recordar sus besos.



Lo que no podía imaginar es que esa persona no tardaría en llegar...



Marina

2 comentarios:

  1. Hola Marina!
    Estaba buscando cosas interesantes para leer y me he encontrado con tu blog. Me gusta mucho tu historia, sobretodo porque me identifico con ella.
    Espero q sigas contandola, tengo ganas de mas!

    Un beso **

    ResponderEliminar