miércoles, 3 de noviembre de 2010

Palomitas verdes


-¿Y ahora tienes su jersey?- me preguntó con su voz chillona
-Exacto- le respondí-lo has comprendido a la primera.
-Será cabronazo el tío este, ¿ves?, por cosas como éstas es por lo que renuncio a los hombres- dijo Tina echándose la mano derecha a la frente y con la otra cogiendo un puñado más de palomitas de caramelo.
-Bueno, pero ese no es el único motivo por el que renuncias al sexo masculino, eh pillina- le guiñé un ojo,le lancé un beso sexy al aire y cogí un puñado, algo más grande que el de Tina, de palomitas de caramelo.
-No por supuesto que no lo es- lanzó una palomita al aire y alzó la cabeza para comerla al vuelo- pero escucha Marina, no te deprimas por esto.
-¿Deprimida?, ¿yo?... no, qué va, estoy cabreada pero no deprimida.... en fin, él se lo pierde, ¿no?- y me metí todas las palomitas en la boca.
-Dios mío, estás hecha una mierda- me dijo con la mirada triste- a mí no me vas a engañar con tu discurso de mujer fuerte, tu comportamiento te delata.
-¿Mi comportamiento?- cogí otro buen puñado de palomitas.
-Sí, y deja ya de contestar a todo con preguntas. Estás hecha un asco, no estás apartando las palomitas verdes y las dos sabemos que siempre lo haces y cuando no, es porque algo malo te pasa.
-Está bien... sí, me ha afectado un poco. En fin Tina, ¿Qué quieres?, estaba viviendo el guión de una película, me estaba sintiendo como Holly en Desayuno con diamantes, estaba...
-En la nubes y has bajado de golpe, sí ¿y qué?... anda que no hay más peces en el mar, es más, te voy a proponer una cosa y no te me puedes negar.
-Das miedo, ¿el qué?- le pregunté con los ojos entrecerrados.
-Te propongo que convirtamos tu guión de película romántica, pastelera, cursi y sin un protagonista masculino que valga la pena por una película de Woody Allen- debió de ver mi cara de negación- quiero decir, de la etapa buena de Woody Allen.
-¿A qué te refieres?- le pregunté y acto seguido me metí un puñado enorme de palomitas, sin separar las verdes, porque sí, estaba deprimida.
-Son las 21:19 de un jueves, salgamos a fuera y quememos la ciudad con nuestro mejor fuego.
-Desde luego, nunca aciertas conmigo.
-Perdona guapita, pero acierto siempre- y me removió el pelo-píntate ahora mismo los labios, ponte un par de mis zapatos de tacón y coge tu chaqueta porque nos vamos.
-¿A dónde vamos?- le pregunté
-Marina, ¿es que no me has escuchado? vamos a convertir esto en una película de Woody Allen, nos vamos al pub que te recomendó el sinvergüenza ese, ¿Cómo se llamaba?.
-Miguel- le contesté metiéndome directamente en la boca una palomita verde.
-Miguel...que rima con cruel. ¿Cómo no pudiste darte cuenta de que eso no podía salir bien?- dijo irónicamente mientras me obligaba a ponerme mi cazadora tejana.
-Vale, vamos, vamos- dije no muy convencida y salimos a una buena velocidad de su habitación- ¡espera!, pasemos por mi casa, cogeré su jersey y lo dejaré en el bar para que lo pueda recoger.
¿Pero qué dices?, encima vas a hacerle favores... venga tira- y cerró la puerta de su habitación.
Al cerrar, una corriente de aire entró por la ventana de su habitación y tiró el pote de palomitas dentro del cual ya no quedaba ninguna de color verde.
¿Y sabéis qué?, esa noche... quemamos la ciudad con nuestro fuego más abrasador.
Marina

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