domingo, 22 de mayo de 2011

Segunda toma de contacto

¿Habéis ido alguna vez por Gràcia de noche?. Hay dos tipos de personas según su idea de la vida nocturna de ese barrio: Para unos no es más que el entretenimiento de ir esquivando borrachos, cristales en el suelo, calles oscuras estrechas y algo sucias, bares sospechosos y que no pasarían el control de sanidad, pero sobretodo alboroto, mucho alboroto. Pero para otros el borracho de antes es un personaje que vive la vida, los cristales provienen de la botella que ha sido fuente de diversión para algún grupo de amigos, las calles son íntimas, tranquilas y con un encanto especial, los bares son alternativos y no hay alboroto, hay vida. Aquella noche Miguel y yo pertenecíamos al segundo grupo.

Había menos gente de lo que es normal por las calles, seguramente influía que era una noche bastante fría. Íbamos de la mano en dirección a la heladería cuando pasamos por delante de las salas de cine de la calle Verdi en ese momento un grupo de chicas comentaban lo atractivo que salía Jack Sparrow en la nueva de Piratas del Caribe, por defecto al oír "Sparrow" no me apareció la cara del Capitán con sus bolitas de colores en el pelo, su sombrero, los ojos pintados y la piel morena sino que se me apareció mi Jack Sparrow, el del pub, el de la Barceloneta, el de los cacahuetes y el hospital, el de las sábanas de color vino y al cual le debía una funda de sofá nueva.


Noté la mano cálida de Miguel, le miré a la cara disimuladamente. Su pelo y su bufanda parecían bailar con el viento, me fijé en que tenía un agujero en la oreja pero no llevaba ningún pendiente, busqué su manchita en el ojo y sí seguía allí, le mire a los labios mientras los movía porque me estaba hablando ( y la verdad es que no sabía de qué, había perdido el hilo de lo que me decía), volví a mirar a sus ojos verdes a juego con las rayas de su bufanda. Entonces se dio cuenta de que le estaba observando, me miró a los ojos y me sonrió, le sonreí.


-No te estás enterando de nada ¿verdad?-me preguntó.

-La verdad es que no, lo siento, ¿qué decías? - me sentía culpable pero la verdad es que me hubiera tirado otros cinco minutos observándole mientras me hablaba.

-Nada interesante, ¿tú dónde estabas? - dijo con un tono bastante divertido teniendo en cuenta que había pasado de lo que me estaba diciendo.

-Estaba.... estaba en el agujero que tienes en la oreja, no tienes pinta de llevar pendientes.-¿No?, pues te sorprenderá el cristo que llevo tatuado en la espalda, el corazón con el nombre de mi madre y los piercings en los pezones.

-Uhmm que imagen más erótica - nos reímos los dos. - Ahora en serio ¿cómo que tienes un agujero?.

-Mi oreja fue víctima de una de esas noches en las que no sabes ni lo que haces.

-¿Y despertaste con el agujero en la oreja?.

-Exacto - dijo algo avergonzado.

-Eh, que no te dé vergüenza, es algo que puede pasar.

-Puede pasar, pero dos veces es demasiado.

-¿¡Dos veces!? - pregunté incrédula.

-Sí, no fue muy divertido cuando me desperté con un delfín saltando un arco iris en el culo.

-No me lo puedo creer, ¿en serio llevas eso tatuado?.
-¿En serio? - preguntó - No, en serio no.

-Menos mal, ¿entonces nada de tatuajes?.

-Ni uno - contestó. -¿Tú? - preguntó.

-Yo tampoco - mentí.

Llegamos a la heladería aún cogidos de la mano. Pedimos nuestros respectivos helados aún de la mano y fuimos a pagar aún de la mano pero esto último resultaba difícil porque era imposible abrir el bolso, sacar el monedero, escoger las monedas adecuadas, pagar y coger el cucurucho con una sola mano.


-Creo que deberíamos soltarnos - objetó Miguel.

-Claro, sí sí - me sentí tonta, pero supongo que eso, al igual que lo del agujero en la oreja, puede pasarle a cualquiera. - Es una pena que no tengan chocolate desecho para echar por encima del helado - dije cuando ya nos habíamos ido de la heladería.

-Ahora ya no es lo mejor que puede haber, ¿no?. -preguntó haciendo alusión al diálogo que tuvimos justo antes de cogernos de la mano.

-Bueno, esto es mucho mejor que un simple helado en invierno con chocolate desecho por encima.
-¿Sí?, ¿porqué?. - me preguntó.

-Porque no te has largado corriendo cuando te he soltado de la mano - dije recordando lo que el me había dicho en la milésima de segundo antes de que nuestras manos se juntaran.

-¿Porqué iba a hacerlo?. - me preguntó después de haber probado su helado.

-Porque yo lo hubiera hecho.

-Entonces Marina no me dejas otra opción - me robó el cucurucho de la mano y empezó a correr.


Me quedé plantada sin saber bien qué hacer, pero entonces dejé que mi cuerpo pensara y no mi mente la que lo hiciera, así que empecé a correr y correr detrás de él. El aire me daba de cara y me hacía volar el pelo, todo parecía borroso a mi alrededor y tan sólo le veía a él, quería llegar a él, pero era imposible corría realmente rápido.

Miró hacía atrás y cuando vio que ya no podía más paró en seco, pero yo llevaba tanto impulso que no pude reducir la velocidad y me choqué con él. En el choqué me di contra mi cucurucho y me manché la mejilla de helado.


-¿De qué es tu helado? - me preguntó algo serio y sin mirarme directamente a los ojos.

-De dulce de leche. - le contesté con su mismo tono de voz, algo serio, tranquilo y grave.-¿Puedo probarlo?.

-Claro.

Y entonces sucedió algo que no esperaba, Miguel se acercó a mí hasta estar a milímetros de mi cara, me miró a los ojos y me sonrió, acercó sus labios hasta mi mejilla y lamió el helado que tenía en ella, después y durante tres segundos me miró directamente a los ojos como si estuviera pidiendo permiso, le sonreí, me sonrió y entonces ya sí, nuestros labios se rozaron y bailaron al ritmo de nuestros corazones.

Marina

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