domingo, 30 de mayo de 2010

Mar


Ha pasado mucho tiempo ya pero aún recuerdo cada minuto del día en el que le tuve que decir adiós para siempre a mi abuelo.
Para una niña de 5 años es muy aburrido un velatorio y recuerdo que para entretenerme mi madre me explicó la historia de amor más bonita que he oído jamás, la historia de mis abuelos.
Corría el año 1957, cuando mi abuela que por aquel entonces tenía 25 años visitó por primera vez a aquella Barcelona en pleno crecimiento. Aunque York dista muy poco del mar, mi abuela jamás se había bañado ni había jugueteado con las olas así que en cuanto pudo se escapó para dar una vuelta por el paseo marítimo y bañarse en aquel mar de agua cálida como es el Mediterraneo.
Pero mi abuela no tuvo suerte, ese día hacía un gran oleaje y aunque una mujer que estaba dando de mamar a su niño y esperando a que su marido volviera de faenar le advirtió de que no lo hiciera ella, mi abuela hizo caso omiso y se zambullió en la salada agua.
Mi abuela estaba eufórica, radiaba felicidad pero sin que ella lo pudiera advertir una gran ola golpeó sobre ella y lejos de llevarla hacía la orilla se la llevo más y más adentro, parecía estar tocando ya el horizonte y dejando escapar el último soplo de aire que le quedaba en los pulmones cuando alguien la cogió entre sus brazos y la subió a un pequeño barco de pescadores. Mi abuela abrió los ojos y pudo ver en primer plano el rostro del hombre que la había rescatado, el hombre con el que haría el amor por primera vez, el hombre al que se llevaría con ella hasta York, el hombre con el que se casaría y con el que tendría dos hijos de ojos oscuros como los de él.
Mis abuelos estuvieron hablando mientras el pequeño barco se aproximaba a la costa y según me contaron, lo suyo fue amor a primera vista.
También me contaron por qué en mi familia materna todos los nombres empiezan por "Mar". Resulta que a mi abuela de pequeña le incorporaron el español como segunda lengua pues sus padres tenían unas fábricas en España y era necesario que su descendencia lo hablara para poder dejarlas en buenas manos cuando ellos murieran.
Pero mi abuela, que era muy rebelde, siempre que podía se saltaba todas las clases de español así que al llegar a Barcelona en el año 1957 no lo hablaba del todo bien.
Me han contado que en la conversación que tuvieron mis abuelos en el barco después del accidente, surgió algo parecido a esto:
-¿Cómo usted nombrarse?.
-Mi nombre es Marc, ¿y el suyo señorita?.
-Anne.
-No es de extrañar tan bello nombre para tan bella mujer.
-Gracias, Mar... yo nunca haber oído ese nombre, es muy bonito también.
-Muchas gracias señorita, pero lo cierto es que es Marc, con una C al final.
-Oh!, perd..., I'm sorry! oh! Mar...c, Mar....c Oh! es muy difícil de decir.
-Usted puede llamarme como quiera, para usted yo seré Mar.
-Mar.... llamarse como el mar del agua.
-Sí y además soy MARinero
-jajajajaja, gracias por haberme salvado la vida Mar y por tener los ojos más bonitos y oscuros que jamás yo ver.
-No son nada al lado de sus verdes ojos y de su cabello rojo como el fuego.
Al cabo de unos años, cuando mi abuela dio a luz a mi tío, decidieron llamarle Mario en honor al nombre de mi abuelo, a que él era marinero y de que fue la mar quien les unió y dos años después nació mi madre, a la que le pusieron Mar.
Aún cuando estoy triste pienso en mi abuelo y en lo mucho que nos quería a todos y, aunque no sé si esa imagen es fruto de mi imaginación, lo cierto es que recuerdo la última vez que vi cogiditos de la mano a mis abuelos, mirándose a los ojos y pensando lo felices que eran estando el uno al lado del otro.
Marina

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