miércoles, 22 de diciembre de 2010

El pirata y Susannita salen del bar


-Dime, ¿Por qué has decidido venir por primera vez a este bar?.
-Primero de todo, ¿Cómo sabes que es mi primera vez?, segundo, ¿Es que ha de haber un motivo?.
-Bueno, si hubieras estado por aquí antes me hubiera dado cuenta. Y lo segundo... sí, la gente que entra en este pub tiene un motivo.
-Ya ¿Y cuál fue el tuyo?.
-Perdí la Perla Negra- contestó con el tono de un capitán que ha perdido el mando de su mejor barco- No, en serio, no me acuerdo muy bien.
-Lástima, me hubiera gustado saberlo. ¿Sabes? es curioso pero yo tampoco me acuerdo de mi motivo.
-Supongo que por eso venimos aquí, para olvidar. Pero tu aún no lo has hecho.
-Puede, ¿Quieres que pida algo para picar?.
-Vale, pero no pidas cacahuetes, llevan como diez años en el bar.
-Gracias por la advertencia, pero me apetecen cacahuetes- y los pedí, horas después mi estómago pagaría por ello.
-¿Siempre haces lo que tú quieres?.
-Sí, siempre.- me metí un cacahuete en la boca y lo mastiqué lentamente, luego me pasé la lengua sobre el labio inferior para saborear la sal que me había dejado el cacahuete y miré a Sparrow directamente a los ojos, él me correspondió con su mirada.
-¿Sabes qué?- él seguía mirándome a los ojos y yo ya no pude rechazar esa mirada, nuestros ojos estaban unidos por algo más que electricidad.-Que yo también hago siempre lo que quiero- apartó su mirada y me rozó el oído con sus labios- Y por eso ahora te voy a besar.
Me besó en los labios, suavemente, con delicadeza, levemente, durante unos pocos segundos, luego echó su cabeza hacia atrás, nos volvimos a mirar a los ojos por un espacio corto de tiempo, nos sonreímos y me lancé a besarle, bruscamente, sin delicadeza y con toda la fuerza de mi ser, durante muchos segundos.

Dejamos el bar justo antes de terminar la hora feliz y en el momento exacto en el que Tina estaba bebiendo un botellín de cerveza subida en la mesa central.
-¿Dónde vamos?-pregunté como pude pues estábamos corriendo calle abajo cogidos de la mano.
-A la mejor barra de la ciudad.
-Ah, ¿Vamos a hacer la última?- deseaba que no fuera así, parecerá que soy una facilona, pero deseaba que me llevara a su casa.
-La penúltima, siempre es la penúltima. Un detalle Susannita, la mejor barra de la ciudad está cerca de mi casa.
¡¡Bien!!, pensé para mis adentros en el momento en el que nos deteníamos delante de una gran moto negra y roja
-Ah, por cierto, para ser más exactos... la barra está en mi casa.
¡¡¡Mejor!!!, pensé mientras me ponía el casco que me había dado y subía encima de esa grandiosa moto.
-Espero que no me estés engañando y que realmente la tuya sea la mejor barra de la ciudad.
-No lo dudes ni por un segundo- y salimos disparados a una velocidad desorbitante, me agarré a él fuertemente y nos dirijimos hacia la que sin duda alguna, puedo decir que es la mejor barra de la ciudad.

El ruido del motor de la moto, su espalda ancha y fuerte, las luces deslumbrantes de la noche barcelonesa, las estrellas incontables en el cielo, el viento haciendo bailar a mi pelo y sobretodo su cabello corto y moreno haciéndome cosquillas en la nariz.... no pude hacer nada más que dejarme llevar.

Marina

miércoles, 15 de diciembre de 2010

Piratas en el bar



La hora feliz consistía en que absolutamente todas las cervezas del bar reducían su coste a la mitad y si subías encima de la mesa y conseguías beber un botellín de cerveza en menos de 15 segundos... el camarero, amablemente, te servía una buena caña absolutamente gratis. Un chollo, pero eso sí, tan sólo duraba una hora, ni más ni menos.
Después del toque de campana toda la gente empezó a revolucionarse aún más, y yo, que ya estaba a punto de marcharme decidí que me iba a quedar un ratito más... me quité la camiseta de manga larga y me quedé en tirantes, después me deshice el moño que llevaba en el pelo y moví la cabeza a los lados para desmelenarme y por último me acordé de la barra de labios que tenía en el bolso y me los pinté de rojo. Estaba en ese bar e iba a olvidarme de.... ¿cómo se llamaba? ah sí, Miguel.
Me dirigí a la barra como pude y me pedí una Guiness bien fresquita y con la espuma bien puesta. Fui a la sala de la mesa central y me puse a bailar como una loca mientras sonaba Mr.Brightside de The Killers... salté, bebí, grité, bebí, me revolví el pelo, bebí, salté, salté, salté y bebí, bebí, bebí. Cuando me terminé esa primera Guiness fui hacia la barra y me pedí otra, y al cabo de 10 minutos otra y otra.... y sí, otra más... cuando iba a la barra para buscar ésta última ya iba un pelín perjudicada pero sin llegar a estar como una cuba... sólo el puntillo que se suele decir... el camarero cuando me vio, directamente, se fue a buscar una Guiness y me dijo al oído que disfrutara el momento que la hora feliz, dura eso, una hora... le sonreí sin saber muy bien qué hacer, le cogí la cerveza y pagué la consumición, di un trago y me giré... pero... no pude adivinar que detrás de mí había alguien, choqué y le tiré toda la cerveza encima:
-¿¡Porqué no miras por dónde vas!?. me gritó mirándose hacia su camisa completamente empapada de cerveza. ¡¡joder!!.
-Perdona, no te había visto.
-¿¡¡No me habías visto cegata de mierda!!?.
-Serás imbécil, ya te he pedido perdón... lo tomas o lo dejas, déjame pasar y no me amargues, chaval.
-¿Como las lentejas?.
-¿¿Qué lentejas??.
-Sí, que las tomas o las dejas.
-Sí, muy bien, qué gracioso... ¿me permites? quiero pasar a la sala.
-¡¡¡Espera!!!.- me dijo justo antes de bloquearme el paso con su brazo fuerte como una roca.
-¿Qué quieres?- contesté con desgana, quería ir a la sala y volver a enloquecer.
Me miró directamente a los ojos, y cambió mi mentalidad, lo que me había parecido al principio no era en absoluto lo que veía ahora. El chico no estaba mal, tenía unas facciones muy duras y unos ojos marrones intensos, moreno de piel, camiseta negra ajustada marcando todos los músculos, alto y fuerte... muy fuerte. No me contestó a la pregunta, tan sólo se pasó el dedo índice por encima de su (carnoso) labio.... lo interpreté mal, pensaba que se estaba insinuando y pasé de él, le di un golpe en el brazo para que me dejara pasar pero me detuvo de nuevo.
-Oye... mmmm- levantó las cejas, se mordió el labio y me volvió a mirar a los ojos.
-¿No pretenderás que te diga mi nombre, verdad?.
-Vale, pues ves a la sala y haz el ridículo.
-¿Por qué iba a hacer el ridículo?
-No sé.... quizá porque no me dices tu nombre.
-Está bien... me llamo..... Susanna.-Fue el primer nombre que se me pasó por la cabeza, no iba a darle el mío.
-¿Susannita tiene un ratón?.
-Sí, un ratón chiquitín. Oye, ya te he dicho mi nombre. Te toca a ti, ¿Porqué voy a hacer el ridículo?
-No te lo voy a decir.... aún.
-No estás siendo justo, te he dicho mi nombre.
-Me has mentido, ése no es tu nombre. No tienes cara de Susanna.
-No te he mentido.
-Muy bien, si tú te llamas Susanna yo me llamo Jack Sparrow, o mejor, Tutankamon o.... Alejandro Magno.
-mmm decídete.
-¿Tutankamon?- me preguntó y yo le negué con la cabeza.
-¿Alejandro Magno?
-Tampoco.
-Sólo queda uno... ¿Jack Sparrow?.
-No está mal.- Muy bien capitán, se acabó el juego, ¿Porqué voy a hacer el ridículo?.
Jack Sparrow volvió a frotarse el labio con el dedo.
-¿¿¡¡Quieres dejar de hacer eso!!??.
-Te estoy contestando, de hecho... lo he hecho desde un principio, antes de que me dijeras tu nombre... Susanna.
Entonces me di cuenta, justo antes de tirarle la cerveza al capitán Sparrow le había dado un trago y ésta llevaba una buena dosis de espuma. Cuando me di cuenta... me lamí el labio rápidamente.
-¡¡Al fin!!- pensaba que eras más rápida ratoncita.
-¿Ratoncita?.
-Por susannita. Ya tienes los labios limpios de espuma, puedes pasar a la sala que no ocurrirá nada.
-Ya. Oye...
-Dime.
-Nada.
-Juraría que me ibas a invitar a tomar una cervecilla pero veo que debía estar equivocado.
-Equivocadísimo.
-Ya.... ¿y si te invito yo?.
Le miré de la manera más penetrante que sabía -o que podía- y con una sonrisa en los labios le dije: -Siempre es un placer hacer tratos con usted, capitán Jack Sparrow.
Marina

domingo, 21 de noviembre de 2010

Tragos

Hay que reconocer que Miguel no se equivocaba cuando me dijo que el local tenía un muy buen ambiente, quizá uno de los mejores que he visto en Barcelona.
Para acceder al pub se tenía que pasar por una puerta más baja de lo normal, hasta yo que soy más bien bajita me tenía que acachar para poder pasar. Al entrar sentías que la temperatura de tu cuerpo subía unos cuantos grados centígrados por muy baja que estuviera la de tu alma. Sí, sé que suena muy dramático pero estaba realmente destrozada. Una vez te recuperabas del subidón de calor veías una barra de bar de la que era dueño un camarero alto pero con bastantes quilos de más, calvo, con una camiseta de tirantes que en su tiempo debió ser blanca y con unos brazos enormes y tatuados con lo que me parecieron ángeles, pero lo que más llamaba la atención del camarero era su semblante serio aunque era una de esas personas que sabes que en el fondo son unas bonachonas. La barra estaba repleta de botellines ya vacíos de cerveza de todas las marcas posibles, habían de las que ni siquiera había oído hablar. Detrás de la barra una harley negra colgaba de la pared. A mano derecha de la barra había lo que parecía una diana, pero estaba tan agujereada que era prácticamente imposible distinguir las lineas. Tina y yo, después de pedirnos una Heineken cada una ,nos dirjimos hacia el otro lado de la barra. El lugar era increíble, consistía en una sala bastante grande, no habían mesas sueltas sino que había una gran barra que rodeaba las cuatro paredes añiles de la sala con una gran mesa central donde se sentaba la gente a charlar aunque no se conociera de nada. Pero no era nada fácil entablar una conversación porque la música sonaba poderosamente, cuando entramos estaba sonando "Creep" de Radiohead lo que no incrementaba mucho mi ánimo, pero la verdad es que era una buena elección. Fuimos a sentarnos a un pequeño trozo de barra que estaba libre, porque el pub estaba a rebosar, aunque resultó bastante arduo llegar hasta allí con tanta gente y las luces tan tenues, al fin conseguimos llegar y sentarnos, y entonces me fijé en que, a parte de un montón de jarras de cerveza, del techo colgaba una gran campana de bronce.
-¿Qué pasada de sitio, no?- me dijo Tina con cara de embobada.
-Ya ves, tiene muy buen ambiente- musité.
-Ohh, por favor Marina, mira dónde estás, es un lugar increíble, para pasarlo bien y no quiero que tu estés aquí como una acelga, vamos a pasarlo bien, ¿te parece?- y me pasó el botellín de cerveza que habíamos pedido y que la gente nos había hecho llegar.
-Me parece- y le sonreí con una de mis mejores sonrisas falsas.
-Bien, así me gusta. Oh la la!- exclamó justo antes de dar un trago a su cerveza.
-¿Ya? joder Tina, cada día eres más rápida.
-No guapa, es que cada día me lo ponen más fácil, citando al gran Barney Stinson "Cada día que pasa hay más chicas de 22 años yendo a bares, y llámame confiado, pero creo que cada día son más tontas". Ahora vengo- y se fue con su botellín de cerveza en la mano.
Yo me quedé pensando en que a Tina le vendría bien dejar de ver tanta televisión y después me di cuenta de que estaba sola. Le di un trago a mi cerveza y me entraron unas ganas enormes de descolgar la harley de la pared, montarme en ella e irme a gran velocidad al lugar más alejado de aquel bar. Di otro trago. Miré el reloj. Localizé a Tina que estaba hablando con una chica morena que me pareció muy guapa y sí, un minuto después vi cómo se besaban. Justo sonó la estrofa de "Creep" que dice " What the hell I'm doing here?". Di otro trago. Y otro. Y otro. Me bebí el último poco de cerveza que quedaba. Me dispuse a coger la cazadora e irme para casa cuando de repente.... vi como el camarero se subía a la mesa central y hacía sonar la campana. ¡¡¡Hora feliz!!! empezó a chillar toda la gente, incluso Tina que estaba muy ocupada con su nueva chica también lo gritó.
Y es que cuando parecía que la noche había terminado para mí, sólo había acabado de empezar.
Marina

miércoles, 3 de noviembre de 2010

Palomitas verdes


-¿Y ahora tienes su jersey?- me preguntó con su voz chillona
-Exacto- le respondí-lo has comprendido a la primera.
-Será cabronazo el tío este, ¿ves?, por cosas como éstas es por lo que renuncio a los hombres- dijo Tina echándose la mano derecha a la frente y con la otra cogiendo un puñado más de palomitas de caramelo.
-Bueno, pero ese no es el único motivo por el que renuncias al sexo masculino, eh pillina- le guiñé un ojo,le lancé un beso sexy al aire y cogí un puñado, algo más grande que el de Tina, de palomitas de caramelo.
-No por supuesto que no lo es- lanzó una palomita al aire y alzó la cabeza para comerla al vuelo- pero escucha Marina, no te deprimas por esto.
-¿Deprimida?, ¿yo?... no, qué va, estoy cabreada pero no deprimida.... en fin, él se lo pierde, ¿no?- y me metí todas las palomitas en la boca.
-Dios mío, estás hecha una mierda- me dijo con la mirada triste- a mí no me vas a engañar con tu discurso de mujer fuerte, tu comportamiento te delata.
-¿Mi comportamiento?- cogí otro buen puñado de palomitas.
-Sí, y deja ya de contestar a todo con preguntas. Estás hecha un asco, no estás apartando las palomitas verdes y las dos sabemos que siempre lo haces y cuando no, es porque algo malo te pasa.
-Está bien... sí, me ha afectado un poco. En fin Tina, ¿Qué quieres?, estaba viviendo el guión de una película, me estaba sintiendo como Holly en Desayuno con diamantes, estaba...
-En la nubes y has bajado de golpe, sí ¿y qué?... anda que no hay más peces en el mar, es más, te voy a proponer una cosa y no te me puedes negar.
-Das miedo, ¿el qué?- le pregunté con los ojos entrecerrados.
-Te propongo que convirtamos tu guión de película romántica, pastelera, cursi y sin un protagonista masculino que valga la pena por una película de Woody Allen- debió de ver mi cara de negación- quiero decir, de la etapa buena de Woody Allen.
-¿A qué te refieres?- le pregunté y acto seguido me metí un puñado enorme de palomitas, sin separar las verdes, porque sí, estaba deprimida.
-Son las 21:19 de un jueves, salgamos a fuera y quememos la ciudad con nuestro mejor fuego.
-Desde luego, nunca aciertas conmigo.
-Perdona guapita, pero acierto siempre- y me removió el pelo-píntate ahora mismo los labios, ponte un par de mis zapatos de tacón y coge tu chaqueta porque nos vamos.
-¿A dónde vamos?- le pregunté
-Marina, ¿es que no me has escuchado? vamos a convertir esto en una película de Woody Allen, nos vamos al pub que te recomendó el sinvergüenza ese, ¿Cómo se llamaba?.
-Miguel- le contesté metiéndome directamente en la boca una palomita verde.
-Miguel...que rima con cruel. ¿Cómo no pudiste darte cuenta de que eso no podía salir bien?- dijo irónicamente mientras me obligaba a ponerme mi cazadora tejana.
-Vale, vamos, vamos- dije no muy convencida y salimos a una buena velocidad de su habitación- ¡espera!, pasemos por mi casa, cogeré su jersey y lo dejaré en el bar para que lo pueda recoger.
¿Pero qué dices?, encima vas a hacerle favores... venga tira- y cerró la puerta de su habitación.
Al cerrar, una corriente de aire entró por la ventana de su habitación y tiró el pote de palomitas dentro del cual ya no quedaba ninguna de color verde.
¿Y sabéis qué?, esa noche... quemamos la ciudad con nuestro fuego más abrasador.
Marina

jueves, 14 de octubre de 2010

Martí

A la mañana siguiente de la cena me despertaron los rayos de sol que se colaban por los agujeros de la persiana de mi habitación y que me daban en toda la cara. Abrí los ojos y noté como si una fuerza me impidiera salir de la cama, como si estuviera atada por pies y manos al colchón y como si mi cabeza estuviera atrapada en la almohada. Cerré los ojos y me volví a dormir.
Al cabo de una hora más o menos noté como me volvía a dar el sol en la cara, y esta vez no eran sólo unos rayos sino el sol entero. Cuando abrí completamente los ojos vi a Martí, mi hermano, con las manos en la cinta de la persiana lo que indicaba que la acababa de subir él.
Por ese entonces mi hermano tenía seis años y se pasaba todo el día trasteando, tengo que decir que aún así, me lo hubiera comido entero a besos. Mi hermano, al igual que yo, ha heredado el pelo rojizo de mi abuela Anne (mi abuela materna) pero, y muy a mi pesar, ha heredado también unos magníficos ojos color verde manzana que yo no he tenido la fortuna de heredar.
-Martí... déjame dormir un poquito más...- le supliqué.
-Pero es tarde ya y dentro de poco vamos a comer... además, quiero jugar. Vaaaa Marinaaaaa levantaaaaaa.
-No, va, baja la persiana que el sol me está molestando- volví a suplicar.
-Pero el sol es bueno, da luz, calor, hace crecer a las plantas y dice cuándo nos tenemos que levantar- y al acabar de decir esto saltó, de una manera bastante ágil para su edad, encima de mi cama.
-No, Martí. El sol no es bueno ni malo, la puerta no es mala aunque te hayas pillado los dedos, la mesa no se ha hecho daño aunque le hayas dado un golpe. Las cosas no sienten.- En clase de psicología infantil estábamos dando precisamente los niños de 5 a 6 años y se supone que es esta edad cuando los niños dejan de creer que las cosas tienen sentimientos, pero Martí aún no había llegado a esa etapa y me preocupaba.
-Valeeee, pero tú sí eres mala porque no quieres jugar conmigo. Y tú no eres una cosa así que sí que te lo puedo decir. Eres mala.
-Y tú eres un pesado.
-Mala- me sacó la lengua.
-Tonto- le dije haciéndole burla.
-Tonta tú- e hizo la misma burla que le había hecho yo.
-Monstruo- empecé a ponerme nerviosa, quería y necesitaba dormir.
-Bruja.
-¡¡Idiota!!- se me escapó, inmediatamente un puchero empezó a formarse en la cara de mi hermano... todo quedó en silencio... y en cuestión de segundos mi hermano empezó a llorar como hacía tiempo que no le veía, me intentó pegar con su puñito en la pierna pero tan sólo me rozó y se fue llorando de mi habitación.
Empecé a sentirme fatal. Era, sin dudas, la peor hermana del mundo. Y sí, era una bruja tal y como me había llamado él. Me levanté de la cama y cogí la guitarra, la afiné y me puse a tocar "Ironic" de Alanis Morisette, hasta que al cabo de un rato mi madre vino a mi habitación.
-Marina, tu hermano está llorando en su habitación.
-Aún está llorando...- me sentía tan mal.
-Sí, le he visto correr como un desesperado por el pasillo, ha tirado el mando de la play al suelo y se ha encerrado en su habitación. Me ha dicho que eres muy mala y que el mando de la play se ha hecho daño. ¿Qué ha pasado?.
-Nada...
-Marina.
-Vale... vino a despertarme y subió la persiana hasta arriba dándome todo el sol en la cara. Me dijo que quería jugar y yo no le hice caso, me llamo mala y yo tonto y entonces empezó una espiral de insultos que acabó cuando yo le llamé idiota.
-¿No crees que te has pasado?, él quería jugar a la play como tú le habías prometido. Llevas unos días muy distraída, no estás nunca en casa, sólo estás con Tina y no dejas que ni siquiera te preguntemos cómo te vas las cosas. Y me preocupa Marina... eres ya mayorcita y deberías darte cuenta por ti misma de estas cosas. Porque si no eres mayorcita para esto tampoco eres mayorcita para tener una cena con un chico que no conoces de nada.
-¿Qué?, ¿Cómo lo sabes?.
-Marina, yo lo sé todo.- me guiñó el ojo. Y también sé que tu hermano está muy disgustado, así que ves a su habitación y habla con él.
Hice caso a mi madre y fui hasta la habitación de mi hermano. Piqué a la puerta y me gritó que me fuera, pero aún así la abrí. Mi hermano aún tenía los ojos y la cara rojos y llevaba las mangas del pijama mojadas de haberse secado las lágrimas. Iba a ser difícil que me perdonara.
-Martí, cariño... lo siento, soy una tonta y no quería decirte eso tan feo que te he dicho antes, ¿vale?, ¿me perdonas, ojitos?.
-El mando de la play se ha hecho daño.
-Vaya... pues lo arreglaremos, ¿vale?, lo siento mucho, Martí... yo no quería...- no pude acabar la frase porque mi hermano ya me había perdonado.
-Vale, no pasa nada. ¿Quieres jugar a la play conmigo o quieres seguir durmiendo?
-¿A ti qué te parece?, por supuesto que quiero jugar contigo.
-¡¡Bien!!, te voy a pegar una paliza- y se fue corriendo al salón, donde está la play, dando saltos y sonriendo.
Al parecer no me había guardado tanto rencor y supo disculparme a la primera. Algo que a los adultos nos cuesta mucho esfuerzo hacer.
Yendo hacia el salón miré por el rabillo del ojo hacia mi habitación. Y allí, en la silla de mi escritorio, estaba el jersey de Miguel, esta vez abrazando, no mi cintura, sino el respaldo.
Marina

martes, 28 de septiembre de 2010

Abrazo

No sé si era efecto del vino o es que estaba en una nube de felicidad (quizá eran ambas) pero lo cierto es que habían pasado 40 minutos de nuestra cena y yo me lo estaba pasando en grande.

Él era muy divertido, al principio me sentía algo cohibida y un poco a la defensiva pero enseguida comprendí que él estaba siendo como realmente era y eso me hacía pensar que estaba en una de las mejores cenas que jamás iba a tener, mejor incluso que las suculentas y agradables cenas de navidad que hacíamos mi familia y yo cuando vivíamos en York.

En cuanto nos retiraron el segundo plato Emilio nos trajo el postre:

-Bien, pareja, aquí está el Barfi, y dos copas de cava por cortesía de la casa. Espero que os guste- acabando de decir esto dejó el Barfi y el cava encima de la mesa y se marchó muy rápido ya que el restaurante estaba a rebosar.

Ejem, era mi impresión o realmente Emilio nos acababa de llamar "pareja", ¿en serio lo parecíamos?, ¿A caso pegábamos?, ¿Teníamos química? seguramente me quedé algo aturdida y en silencio por al menos unos cuantos segundos pues Miguel en seguida me preguntó si estaba bien:
-¡Marina!, ¡holaaaaa!, ¿Sigues en este mundo?.......... silencio.............. Marina, ¿Te pasa algo?.
-¿Eh? ¿Qué?, quiero decir.... ¿Qué me estabas diciendo?.
-Te estaba preguntando si te encontrabas bien, parecías algo... traspuesta- me contestó torciendo la boca.
-Oh, no qué va. Me encuentro estupendamente.
-Menos mal, a veces la comida india resulta un poco fuerte y bien.... no sienta bien a todos los estómagos- ahora fui yo quien torció la boca... así que esos segundos de confusión en los que yo estaba pensando si hacíamos buena pareja o no, él estaba pensando en si me urgía o no ir al baño... fantástico.
-¡Este barfi está realmente bueno!- exclamé.
-Sí, es el mejor que he probado nunca. De hecho, es el único que he probado en mi vida.
-mmm pues eso no te permite decir que es el mejor del mundo.....- le dije "regañándole".
-Claaaro, como tu has probado taaantos- me respondió irónicamente mientras cogía un pedazito de barfi.
-Pues sí, he probado bastantes.....- le repliqué.
-Es verdad, cuéntame eso de que vivías en York- dijo mirándome a los ojos con mucha concentración, ya podía haber habido un incendio en la cocina del "restaurante" que él me hubiera seguido mirando a los ojos.
-Pues eso vivía en York- con la cara que me puso comprendí perfectamente que esa respuesta tan seca no era la que esperaba así que me lo pensé y decidí contar un poco más- Nací en York, la familia de mi abuela materna era de allí y mi abuelo materno emigró de Barcelona a York cuando conoció a mi abuela. Estuvimos viviendo allí durante unos años y después ya nos vinimos a Barcelona.
-¿Qué edad tenías cuando os vinisteis?.
-14 años- respondí casi sin pensarlo.
-Vaya, te acuerdas perfectamente. ¿Te marcó mucho?.
-No, bueno sí, o sea no, sí, sí que me marcó.... es duro irse a vivir a otra ciudad, con otras costumbres, decir adiós a los amigos, familia... bueno, decir adiós a todo lo que te ha acompañado durante toda tu vida.
-Me imagino, de pequeño también me mudé.... sólo cambié de barrio, pero ya fue un cambio- torció la cabeza.
-Sí, aunque a pequeña escala, también fue un cambio. ¿Cómo que os mudasteis?- en seguida me arrepentí de haber hecho esa pregunta porque acababa de, indirectamente, darle permiso para que él me preguntara lo mismo.
-No lo sé muy bien, era realmente pequeño... debía tener unos 5 o 6 años... pero creo que tuvimos algunos problemas económicos y tuvimos que dejar el piso para irnos a uno de alquiler- me contó algo acomplejado. - Pero bueno, eso ya es agua pasada... ¿Y tú?, ¿Por qué os mudasteis?- lo sabía, sabía que me iba a preguntar eso...
-Bueno, ya sabes.... lo típico. - esa respuesta me daba tiempo para pensar.
-¿Lo típico?, ¿Qué motivo es típico para una mudanza? hay muchos, que la casa se queda pequeña, que ha habido un ascenso el en trabajo de tus padres, que....
-¡¡Sí!!, ¡¡¡ eso es!!!- dije algo sobresaltada al oír por su boca una buena excusa... ejem, sí, eso es...- dije con una exagerada calma -mi madre heredó una parte de las fábricas de mis abuelos y nos tuvimos que venir a Barcelona para que se pudiera hacer cargo.
-¿ Y volvéis a York muy a menudo?
-Oye, me estoy sintiendo como si estuviera en un tercer grado... me están hasta sudando las manos- bromeé... aunque en realidad era cierto.
-Es verdad, perdona... es sólo, no sé, me pareces muy interesante... desde que te vi subiendo al bus con la piruleta en la boca que supe que no eras normal.
-Mmmm, también llevaba un chicle de menta en la boca, pero con el ostiazo me lo tragué.... soy así de interesante- le dije en un tono irónico.
-¿¡Qué!?, ¿Llevabas un chicle?, Dios.... a parte de interesante también eres....
-¿Torpe?, ¿Patosa?, ¿Negada?, ¿Zopenca?, ¿Inú...
-¡¡No!!, nada de eso- me interrumpió- a parte de interesante también eres increíble.
-A- Fue lo único que pude contestar.
-Bueno, delicioso el barfi, ¿eh?- dijo cuando los dos le pegábamos el último bocado.
-Sí, realmente bueno.
-Pediré la cuenta, en seguida vengo... la cuenta también hay que pedirla directamente.
-A.... vale, emmm ¿Cuánto es?.
-¿Pagamos a medias?.
-Si te parece bien, sí.
-Vale, pues serán unos 20€ por coco.
-Mmm no sé si lo tendré justo- rebusqué en mi monedero- sí, mira ten- y los cogió para llevarlos a caja.
Así que ya está... nuestra cena se había acabado, había estado genial y no quería que acabara aún ¿Y si le decía de ir a tomar algo en algún pub? o sonaría muy desesperado... y sí él no quería continuar conmigo y todo lo que me había dicho de interesante e increíble era para quedar bien, la verdad es que lo de que no haya insistido ni un poco en pagar él me había dejado algo fría... en fin, tenía pensado hacerlo a medias pero aún así... me parece raro que no haya insistido en pagar todo él... oh, mierda... seguro que le he parecido una aburrida, bueno... ya viene, será mejor que deje fluir las cosas....
-Ten, el cambio. Al final ha sido menos de lo que pensaba- me dijo mientras me devolvía 1.20€.
-A, gracias...- le contesté y me cogió suavemente del brazo, empezamos a salir del restaurante, dijimos adiós a Emilio y bajamos por esas viejas escaleras hasta llegar a la calle. Entonces, me llené de valor y lo hice, se lo pregunté:
-¡Anda! pensaba que sería más tarde...- exlamé mirando a mi reloj- ¿Te apetece que vayamos a tomar unas copas?- le pregunté, evitando totalmente el tono de súplica, o al menos intentándolo.
-¿Quieres emborracharme?- te advierto que soy un facilón cuando bebo- me dijo bromeando.
-Mmm para tu desgracia yo no puedo decir lo mismo...
-Oye, que no me acordaba, aún tienes mi pañuelo... y bueno... emmm.
-Sí claro, ten aquí lo tienes, yo tampoco me acordaba ya- y se lo dí después de haberlo buscado por mi bolso- pero va dime, ¿Te apetecen unas copas?.- le guiñé el ojo.
-Pues... lo cierto es que mañana entro pronto a trabajar... así que será mejor que vaya ya para casa, pero oye, si te apetecen unas copas, al girar la esquina hay un pub buenísimo, hay buen ambiente y siempre hay gente interesante.
-Ah, bueno... quizá me pase, un día de estos. También me iré a casa.
-Bien, pues quiero decirte que esta noche me lo he pasado genial, eres única. Yo tiro por aquí, ¿tú?- dijo señalando hacia lo alto de la calle con el dedo índice.
-No, yo he de bajar esta calle... bueno, también me lo he pasado muy bien, gracias por todo- y nos dimos dos besos. Bajé un poco por la calle y paré, miré hacia atrás... él no estaba, ya había girado la esquina. Cogí con mi brazo derecho el bolso casi vacío sin su pañuelo. Y con la vista puesta en el suelo continué caminando hasta mi casa... con las mangas de su jersey abrazándome por la cintura.
Marina

lunes, 6 de septiembre de 2010

Calor


-¿Seguro que es aquí?- dije poniendo cara de duda pues estábamos entrando en la portería de un bloque de pisos, que dejaba mucho que desear, por cierto.
-Sí, está en el tercer piso- contestó mientras abría el ascensor dejándome pasar a mí primera.
Empecé a tener miedo: ¿Y si no era de fiar? ese era uno de los últimos sitios en los que alguien desearía estar a solas con un desconocido. Busqué maneras de escapar por si las moscas pero no encontré ninguna ventana ni ninguna puerta trasera, estaba totalmente atrapada.
O también cabía la posibilidad de que fuera un cerdo pervertido y me estuviera llevando a su piso donde él querría pasar al postre directamente y aunque yo me resistiera tendría que acabar complaciéndole pues no había escapatoria ninguna. Me temblaban las piernas.
Miguel, si es que él se llamaba así, picó al timbre que estaba al margen derecho de una puerta pintada de granate con la pintura saltada, en ella habían cinco cerraduras distintas y ninguna de ellas parecía estar en desuso. La luz de la escalera se apagó. De dentro del piso empezaron a oírse pasos, eran muy lentos, estaban cada vez más cerca y cada paso que escuchaba hacía que me diera un vuelco el corazón, se escuchó el ruido del abrir de una cerradura, dos, tres, cuatro y cinco cerraduras... la puerta se abrió.
-Hola, muy buenas noches, ¿Venís a cenar?- nos preguntó con una simpática sonrisa un hombre de unos 67 años, bajito, con una panza enorme y con un tono de voz que enseguida te transmitía confianza. Los dos afirmamos con la cabeza. -Pues pasad, no os quedéis ahí. Nos quedan dos mesas libres, una en el salón y la otra en el balcón, ¿Cuál os apetece? con la calor que hace os recomiendo la del balcón.
-Pues esa mismo, ¿Te parece bien, Marina?- me preguntó Miguel con una sonrisa casi angelical que disipaba todas las dudas y los miedos que había tenido al entrar en el bloque de pisos.
-Claro, me parece perfecto.
-Acompañadme por aquí. Vaya Miguel, hacía mucho tiempo que no te pasabas por aquí. La última vez viniste con esa chica de las muletas, ¿Carla se llamaba?, parecía simpática pero veo que la cosa no funcionó... te confesaré algo, la chica con la que vienes hoy parece aún más simpática y en guapura supera con creces a la otra. Y voila, esta es vuestra mesa.
Así que este restaurante era donde Miguel trae a todos sus ligues. Por Dios, y tonta de mí estaba empezando a sentirme especial.
La mesa era preciosa, era bajita, de madera de cerezo, tenía un mantel de colores azules que recordaban al mar después de una tormenta de verano, seis velas pequeñas, redondas y de diferentes colores la decoraban y las sillas.... ¡no habían sillas! en lugar de sillas habían dos cojines uno magenta y el otro lila.
-¿Cuál prefieres?- me preguntó Miguel, ahora estaba segura de que se llamaba así, mirándome a los ojos y después mirando a los cojines.
-¿Q... qué?- tartamudeé.
-¿Qué cojín prefieres?, ¿el lila o el rosa?.
-Mmm, me da igual, el magenta está bien.- e hice el primer intento de sentarme.
-¿Magenta?, es claramente rosa- bromeó mientras se sentaba en el lila.
-Sí, un daltónico diría exáctamente lo mismo- dije en el segundo intento, la falda me apretaba demasiado y no podía cruzar bien las piernas.
-¿Puedes?, espera moveré la mesa y así...
-Oh no no, no hace falta, es sólo... falta de práctica, pero ya casi estoy, ayyyy, no pueedo- decía con la cara de una persona que hace días que no puede ir al baño- mmmmmmmm, sólo he de cruzar esta pierna y......¡¡¡RAS!!!- frené en seco y una pequeña brisa de aire empezó a colarse por mi falda. -Ayyy......-miré hacía me trasero y pude certificar mi peor presentimiento, la falda tenía un agujero enorme, me quedé con los ojos como platos, casi tenía ganas de llorar y no sabía qué narices hacer.
-Toma, átate mi suéter a la cintura.... vaya Marina, para serte sincero, no esperaba ver tanto esta noche- y empezó a reírse sin ningún tipo de pudor. No sé que cara le debí poner porque paró de reír en seco. -Escucha, haremos como si nada hubiera pasado, ¿verdad que ahora te puedes sentar cómodamente? pues sentémonos y disfrutemos de la cena, la noche y la compañía- sus palabras, su voz y sobretodo su mirada me convencieron y me senté dispuesta a disfrutar de la velada.
-Que no te engañe el lugar ni Emilio, el que nos ha acompañado hasta la mesa- me aclaró. -Emilio es un excelente chef, estuvo viviendo en Nueva Delhi durante 25 años y allí aprendió todo lo que sabe de cocina hindú. En un viaje a Nueva York conoció a su esposa, Charlotte y al poco tiempo decidieron abrir un restaurante hindú en el Soho, tuvieron mucho éxito y el restaurante recibió excelentes críticas y hasta hará un par de años aún seguía abierto e igual de exitoso, pero Emilio y Charlotte se cansaron del restaurante y decidieron venderlo e irse a vivir a Barcelona para disfrutar en plenitud de la vida, pero como puedes ver no han durado mucho sin dedicarse a su pasión y abrieron esta especie de restaurante al ver la nueva tendencia de los restaurantes semisecretos que hay en casas particulares, sobretodo de Gràcia, y de momento no les va nada mal.
-Vaya, nunca había oído esto de los restaurantes en particulares, me parece una idea brillante.
-Y lo es, es una idea buenísima. ¿Sabes qué vas a pedir?.
-Pues no tengo ni idea, lo más internacional que he comido ha sido una pizza, así que imáginate. Él me sonrió y me llenó el vaso de agua. -¿Me dejas que te recomiende?- preguntó con otra de sus sonrisas. -Claro- le contesté.
-¿Tienes alergia a algo?
-Sí, a la penicilina- contesté algo extrañada, ¿para qué quería saber a qué era alérgica?.
Esbozó una gran sonrisa. -No, digo alergias a algún alimento.
-Ah- me sonrojé. -No, no tengo alergia a nada, pero no puedo con los melocotones.
-¿Y eso?
-Bueno, digamos que me gustan pero me acaban dejando un mal sabor de boca, traumas de la infancia supongo.
-Vales pues pediremos...
-¿Qué es lo que hay en medio de la mesa? ¿Tacos?- le pregunté con curiosidad.
-No bien bien, son chapatis, es una especie de pan, ahora está frío pero si está caliente es un verdadero manjar untarlo con ghee que es una especie de mantequilla. Bien pediremos de primero palak paneer que es queso sin fermentar untado en una salsa de espinacas, está realmemte para chuparse los dedos y de segundo kheer.
-¿Kheer?.
-Sí, es un pudin de arroz con nueces y pasas, delicioso- me respondió mientras se relamía el labio inferior.
-Tiene muy buena pinta. ¿y de postre?.
-Barfi, es el postre rey en Delhi y por supuesto Emilio lo hace de muerte.
-De acuerdo, ¿y no vamos a pedir lassi?- le pregunté haciéndome la interesante.
-¿Lassi?- dijo arrugando la nariz. -¿Qué es?.
-Es una bebida lactea muy fría que sirve para acompañar las comidas picantes y será ideal para el palak paneer.- le contesté haciéndome la chula.
-¿Así que no tenías ni idea, eh?.
-Te lo confesaré, soy de York así que un poco sí que entiendo de comida india -mis cejas subieron a mi frente para hacerme la interesante.
-Vaya, así que lo más internacional era una pizza, ¿eh?.
-Exacto, por cierto, prueba superada.
-Buff qué respiro.-y después de decir esto silbó. ¿Querrás vino?
-No me gusta mucho el vino, la verdad. Mejor un refresco.
-A a a a a- negó. -Deja que elija, mis padres tienen una pequeña bodega y de pequeño correteaba por allí, así que de vinos sé un rato.
-Está bien, sorpréndeme - sonreí.
-Creo que un tinto semidulce irá muy bien con la cena, aquí tienen uno de mis preferidos, es de California y está hecho con uva White Zinfandel, ¿Qué te parece?.
-¿Perfecto?, no tengo ni idea. Ni siquiera sé la diferencia entre tinto y rosado.
-Pues no se hable más, lo apuntaré en la hoja. Aquí hay que apuntar lo que quieres en esta hoja y llevarlo hasta la cocina así el trato es más personal y el servicio más rápido.
-Vaya es otra muy buena idea.
Miguel se levantó a llevar la hoja hasta la cocina y me le quedé mirando mientras se alejaba, su pelo moreno peinado a lo Ashton Kutcher, su piel clarita, su camiseta verde lima, sus pantalones tejanos y sus zapat.... me olvidé de los zapatos y llevé la vista arriba, ¡pero qué culito!, ni grande ni pequeño, bien puesto y redondito, no pude evitar morderme el labio inferior aunque hubiese deseado poder morder otra cosa, se giró de repente y me pilló que casi se me caía la baba, me sonrió y se sentó en su cojín mientras cogía un trozo de chapati.
-La maceración- me dijo nada más acabar de masticar el trozo de chapati.
-¿Qué?- pregunté confundida.
-Es la diferencia entre un vino tinto y un vino rosado. El vino rosado es un vino tinto con poca maceración- Y dejó caer una de sus sonrisas.
Cogí un trozo de chapati para poder llevarme algo a la boca, no sé si iba a poder aguantar sin estampar a Miguel contra la pared y comérmelo poquito a poco, tenía mucha calor.
Marina